Aron Ralston: el hombre que sacrificó su brazo para salvarse
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Aron Lee Ralston es un ingeniero mecánico, conferenciante motivacional, montañero y autor estadounidense conocido por haberse amputado el brazo para salvar la vida. Especializado en deportes de aire libre, Aron ya era un deportista experimentado cuando ocurrió su accidente de barranquismo. Su caída en Blue John Canyon tuvo lugar el 26 de abril de 2003, cuando solo tenía 27 años.
Quedó atrapado en el cañón durante casi 6 días, 127 horas para ser exactos.
Convirtió aquella experiencia en una carrera como autor y ponente motivacional con la que comparte con el gran público sus errores y sus triunfos.
Aron Ralston nació el 27 de octubre de 1975 en Marion, Ohio. Creció en Denver, Colorado, y se graduó en 1997 en la Carnegie Mellon University con una doble titulación en Ingeniería Mecánica y francés. Después trabajó en Intel durante 5 años, antes de dimitir en 2002 para mudarse a Aspen, Colorado.
Durante sus 5 años en Intel, Aron desarrolló habilidades de montañismo y de actividades al aire libre en general. Su puesto en Ute Mountaineering y su trabajo veraniego como guía de rafting dan fe de ello. En su tiempo libre, se había fijado el reto de escalar todos los catorcemiles de Colorado en solitario y en invierno, algo que sería una primicia mundial. Los “fourteeners” son todas las cumbres de más de 4.267 metros de Colorado, de las que hay 58.
A pesar de un currículum tan atractivo, Aron seguía siendo joven cuando, el sábado 26 de abril de 2003, cometió un error de principiante: no avisar a nadie de adónde iba. Aquel exceso de confianza le costó 127 horas de pesadilla y un brazo…
¿Quién es Aron Ralston?

Aron Ralston intervendrá en Penn State Erie, The Behrend College, el jueves 22 de septiembre. Autor: Penn State (CC BY-NC 2.0)
Apellido: Ralston
Nombre: Aron
Sexo: M
Fecha de nacimiento: 27 de octubre de 1975
Lugar de nacimiento: Marion, Ohio (EE. UU.)
Actividad: Ingeniero mecánico, conferenciante motivacional, montañero, autor
Nacionalidad: estadounidense
Libro: Between a Rock and a Hard Place, de Aron Ralston (2004)
Película: 127 horas, de Danny Boyle (2010)
¿Cómo quedó atrapado Aron Ralston?
El accidente de Aron Ralston empieza el viernes 25 de abril de 2003 a las 23 h, cuando aparcó su camioneta al oeste del Canyonlands National Park. Al día siguiente, recorrió en bicicleta de montaña la zona y luego caminó al sur de Maze-Robbers Roost Road hasta Blue John Canyon, donde empezó a descender por unas grietas especialmente estrechas y profundas.
El barranquismo iba bien hasta que se apoyó en una gran roca colgante para descender. La creía estable, pero no lo era: la piedra se desprendió, le aplastó la mano izquierda y luego quedó atrapada entre su mano derecha y la pared del cañón. Solo, en mitad de la nada, sin haber avisado a nadie y sin móvil, Aron solo podía contar consigo mismo…

Roca donde quedó atrapado Aron Ralston. Caboose. Autor: John Fowler (CC BY-NC 2.0)
“Pasé de andar de excursión por un sitio precioso, feliz y despreocupado, a, de repente, oh, mierda. Caí unos palmos, a cámara lenta, levanté la vista y vi que la roca venía hacia mí, intenté apartarla con las manos y empujarme atrás, pero chocó y me aplastó la mano derecha”, dijo Ralston en una entrevista.
Ralston describió el dolor del impacto como cien veces más doloroso que pillarse el dedo con una puerta. Nada raro, si tenemos en cuenta que la roca pesaba 360 kg. Tras intentar zafarse a tirones e insultar a la piedra, Aron entendió que estaba en un buen lío.
También tuvo que obligarse a dejar de beber agua, sabiendo que la necesitaría para sobrevivir. El joven ingeniero descartó de inmediato el suicidio, pero también consideró desde el principio amputarse el miembro, aunque antes probaría todas las demás opciones.
Hizo entonces inventario de todo lo que tenía:
- 350 ml de agua
- 2 burritos
- unos trozos de chocolate
- auriculares
- una cámara de vídeo
- una mochila CamelBak
- una navaja multiusos barata
- material de escalada (cuerdas, mosquetones, etc.)
- un frontal
- un reloj
- una guía en papel
- y ropa (de día caluroso)
Tras el inventario, Aron empezó a sopesar opciones. La más obvia: que alguien lo encontrara y diera la voz de alarma. Pero no había cobertura y, además, era una zona con muy poco tránsito; nadie pasó por allí. La segunda opción fue raspar la roca con la navaja para intentar liberar el brazo. Dedicó mucho tiempo y energía a esa estrategia, pese a que su tiempo era limitado y su energía, preciada…
¿Qué intentó Aron Ralston antes de cortarse el brazo?
Tras pasar una noche atrapado en el cañón, Aron, más decidido que nunca, empezó a probar distintos métodos para sacar el brazo de debajo de la roca. Con su material de escalada, el joven ingeniero intentó montar un sistema de poleas para levantar la piedra. Le habría bastado con desplazarla unos milímetros para liberar el brazo, pero no lo logró.
El lunes por la mañana volvió a intentar mover la roca con las cuerdas y luego retomó el raspado, esta vez durante 15 horas seguidas. La navaja era pésima, una versión barata de Leatherman, y medía menos de 4 cm. El martes siguió raspando, todavía convencido de que era el mejor uso posible de su tiempo. Nada que hacer: la roca no cedía, no se movía.

Leatherman Sideclip. Autor: Sn.Ho (CC BY-NC 2.0)
“En ningún momento conseguí, con todos los montajes de cuerdas, que la roca se moviera ni siquiera microscópicamente”, contó Aron.
Acabó abandonando esa estrategia, pues se le acabaron el agua y la comida. Ralston sabía que moriría de deshidratación en pocos días si no hacía nada. Solo quedaba una salida, la que temía desde el segundo en que había quedado atrapado en aquel cañón: la amputación.
¿Cómo se amputó Aron Ralston el brazo a sí mismo?
Aron sabía que tenía que cortarse el brazo, pero no sabía cómo. Tras intentar usar la navaja como sierra, comprendió pronto que por ahí no iba a salir adelante. Su hoja estaba tan mellada que ni siquiera le rompía la piel ni le cortaba el vello del brazo. Ese mismo día probó también con varios torniquetes para perder la menor cantidad posible de sangre.
Al quinto día, agotado, Ralston encontró por fin una utilidad para su navaja: grabó su nombre y apellidos, su fecha de nacimiento y la fecha probable de su muerte en la pared del cañón. También fue ese día cuando, deshidratado, decidió beberse su propia orina. Por último, usó la cámara para grabar un vídeo de despedida dedicado a su familia. Esa cámara, en teoría inútil en una situación así, le ayudó muchísimo a mantener viva la esperanza.
“Era como un hilo con el mundo exterior, con otros seres vivos, con el amor. Eso fue lo que me mantuvo con vida”.
Pero el suceso clave de aquel miércoles 30 de abril de 2003 fue que usó la navaja como puñal por primera vez, no como sierra. Comprendió que podía atravesar la piel, aunque aún tenía que dar con el modo de partir los huesos para superar la prueba.
El superviviente entró en su quinta y última noche entre la roca y el cañón, una noche especialmente dura pero esencial para su supervivencia. Estaba convencido de que el frío lo mataría, dado su estado crítico y una ropa muy mal preparada para el aire helado. Aron empezó a alucinar y se vio jugando con un niño, su hijo aún por nacer, al que le faltaba un brazo.
Ralston interpretó aquel sueño como una visión, y de ahí sacó la convicción de que iba a salir de lo que pocos minutos antes daba por su tumba. Contra todo pronóstico, sobrevivió a la noche manteniéndose tan abrigado como pudo, y empezó a prepararse para el reto más duro de su vida. Antes de la amputación incluso grabó “good luck” en la roca.

“I Kept my Eyes Open for 127 HOURS”, autor: Al_HikesAZ (CC BY-NC 2.0)
Al amanecer del 1 de mayo de 2003, Aron miró su brazo y vio que empezaba a descomponerse; quería deshacerse de él más que nunca y salir de aquella pesadilla.
Aron usó el tubo de su mochila a modo de torniquete y se enfrentó a una hora de tortura. Empezó por partirse los huesos del brazo lanzándose con violencia contra la roca. Según él mismo, llegó a sonreír al sentir cómo se quebraban, sabiendo que estaba poniendo fin al calvario.
Tras romperse el radio y el cúbito —lo más duro ya estaba detrás—, usó la navaja para cortar piel, carne y nervios y liberarse por fin de aquel cañón. Dejó las arterias para el final, para limitar la hemorragia. Tras 127 horas atrapado, Aron quedaba al fin libre, pero no estaba a salvo. Comenzaba una carrera contrarreloj: perdía mucha sangre, estaba muy débil y necesitaba ayuda cuanto antes.
¿Cómo sobrevivió Aron Ralston tras la amputación?
Imagina la situación de Aron en ese instante: por un lado, te liberas por fin de más de 5 días de calvario; por el otro, te estás desangrando y sufres deshidratación en pleno calor. Tras 10 km y más de 3 horas caminando y rapelando por el cañón, nuestro superviviente se cruzó por fin con gente. Una familia de tres turistas neerlandeses se topó con aquel pobre hombre, y le dieron de inmediato agua y comida.
Mientras la madre y el hijo iban a buscar ayuda, el padre se quedó con Ralston a la espera del equipo de rescate. El helicóptero llegó rápido, ya que estaba buscando al joven ingeniero, tras la alerta de su familia por su desaparición. Unas 4 horas después de la amputación, Aron fue evacuado por los rescatistas; había perdido 18 kg en sus 5 días y 7 horas en el cañón.

Dominio público
Tres días después, un grupo de 13 guardas regresó al lugar de la amputación para recuperar el brazo de Aron. A pesar del gato hidráulico, tardaron una hora en mover por fin la roca. El brazo derecho de nuestro protagonista fue incinerado y, seis meses después, se esparcieron las cenizas en el escenario del accidente, durante un rodaje para NBC con Tom Brokaw.
Una historia que ha hecho correr ríos de tinta
Apariciones en los medios
La historia de Aron Ralston ha resonado en todo el mundo. Desde 2003, sus apariciones mediáticas son incontables:
- Late Show with David Letterman
- “Men of the Year: Survivor” de GQ en 2003
- “People of 2003” de Vanity Fair
- The Today Show
- Good Morning America
- The Tonight Show
- The Howard Stern Show
- The Ellen DeGeneres Show
- American Morning con Bill Hemmer (CNN)
- Minute to Win It
- etc.
Between a Rock and a Hard Place
En septiembre de 2004, Atria Books publicó la autobiografía de Aron “Between a Rock and a Hard Place”. El libro fue un éxito rotundo en todo el mundo: Ralston ha vendido varios millones de ejemplares y alcanzó el número uno en Nueva Zelanda y Australia.
127 horas

James Franco en el estreno neoyorquino de “Child of God” dentro del New York Film Critics Series, julio de 2014. 21 de julio de 2014. Autora: Bridget Laudien (CC BY-NC 4.0)
El mismo libro fue adaptado al cine en “127 horas”, dirigida por Danny Boyle, con James Franco en el papel de Aron. La película fue un gran éxito y llegó a ser nominada a seis Oscar. Ralston describe la escena de la amputación como muy realista, hasta el punto de que algunos espectadores se desmayaron en las salas.
Crédito: canal de YouTube de SearchlightPictures
“Es tan fiel a los hechos que está lo más cerca posible de un documental sin dejar de ser un drama”, dice Aron.
¿Cómo convertir una pesadilla en una carrera profesional?
El superviviente del Blue John Canyon es hoy un ponente motivacional que comparte experiencias y valores. Ralston dice que todos tenemos “rocas” en la vida, ya sea una piedra literal como la suya o, más a menudo, problemas económicos, de salud o familiares.
Aron extrae de aquella experiencia tres lecciones principales:
- Te muestra quién o qué es importante para ti
- Te muestra de lo que somos capaces
- Te muestra lo extraordinario que es estar vivo
Más prosaicamente, Aron también recomienda avisar a tus seres queridos cuando vas a algún sitio, porque puede salvarte la vida. Asimismo explica algunas lecciones extraídas del episodio, como que, a veces, para salir adelante hay que asumir que un gran sacrificio es inevitable y actuar en consecuencia.

Aron Ralston. Autor: Penn State (CC BY-NC 2.0)
“La adversidad nos obliga a cavar más hondo de lo que habíamos cavado nunca antes, a conectar con aquello que puede motivarnos, incluso cuando perdemos la motivación”.
Conclusión
Aron siguió escalando y alcanzó su objetivo de ser la primera persona en escalar todos los catorcemiles de Colorado en solitario y en invierno. Sigue volviendo al lugar del accidente, un sitio importante para él por razones obvias.
“Lo toco y vuelvo a aquel lugar, recordando aquel momento en que pensaba en lo que es realmente importante en la vida, en las relaciones, y en aquel deseo de salir de allí y volver al amor y a los demás”.
La visión que tuvo aquella última noche en Blue John Canyon resultó ser cierta: hoy es padre de un niño. Ralston dice haber cambiado mucho desde el accidente y reconoce, entre otras cosas, depender de los demás, aunque sigue disfrutando de la soledad. También es mucho más prudente que el personaje encarnado por Franco en 127 horas.
En cuanto a las numerosas grabaciones de vídeo, solo ha compartido una con el gran público; las demás ha decidido guardarlas para sí. Solo sus padres y un grupo muy reducido las han visto, aunque algunos de los monólogos de la película recogen las palabras del ingeniero.
¿Y tú? Si fueras Aron Ralston, ¿habrías sido capaz de cortarte el brazo? Difícil decirlo, lo sé. Cuéntanoslo en los comentarios.
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