Cómo lavar una mochila como es debido — los 8 pasos imprescindibles
Tiempo de lectura: … min
Una bolsa, sea una mochila de viaje, un bolso de lona o una bolsa de viaje, acaba siendo una extensión de uno mismo.
Las mochilas son vitales para estudiantes, viajeros, niños y trabajadores que necesitan llevar lo cotidiano. Las usamos para guardar lo nuestro, les confiamos lo más valioso.
Pero con el tiempo y el uso (la lleves al trabajo o al gimnasio), la mochila acumula olor y suciedad. Toca cuidarla.
Por suerte, hoy la mayoría se pueden lavar en lavadora; algunas, eso sí, requieren cuidados especiales (lavado a mano).
Sigue nuestra guía sencilla —con pasos manejables— para limpiar tu mochila. Vamos al lío.
Proyecto: |
- Tiempo activo: 15 minutos - Tiempo total: 30-60 minutos - Nivel: principiante |
Insumos: |
- Jabón suave |
Herramientas: |
- Lavadora (o) fregadero/bañera/recipiente |
Índice
- 1. La mejor manera de evitar una mochila sucia es el mantenimiento
- 2. No olvides vaciar la mochila antes de lavarla
- 3. Un primer paso clave para un buen lavado
- 4. Usa los ojos... y la cabeza
- 5. Hora de lavar. No te equivoques con el agua
- 6. Cepillado y aclarado
- 7. Deja que la naturaleza la seque
- 8. Añade extras útiles a tu mochila
1. La mejor manera de evitar una mochila sucia es el mantenimiento
Como suele decirse, prevenir es mejor que curar. Con una mochila no es distinto.
Y, sinceramente, unos pocos gestos diarios te ahorran muchos quebraderos de cabeza y alargan bastante la vida de tu mochila.
Tanto si vuelves de una caminata por el extranjero como si llegas del gimnasio con tu mejor amigo: saca la ropa sucia o las sobras de comida en cuanto llegas. Así evitas la aparición de moho.
Si ves restos frescos, no dudes en aplicar un poco de jabón lavavajillas frotando suavemente y en círculo.
No olvides dejarla secar bien (incluido el interior), abierta toda la noche.
Si tienes una mochila de cuero, consulta el artículo dedicado al cuidado de las bolsas de cuero.

2. No olvides vaciar la mochila antes de lavarla
Fácil de decir... pero ¿cuántas veces has encontrado un objeto olvidado en el fondo del tambor?
Sería una pena estropear la batería externa o las tarjetas de memoria. Te sorprenderá lo que aparece.
Para evitarlo, abre todos los bolsillos y comprueba que no queda nada escondido o atascado. Saca los cubos de organización, si los usas, y lávalos por separado.
Después puedes pasar la aspiradora para retirar el resto del examen de geografía de hace cuatro años o el queso pegajoso del bocadillo de la última excursión.
Esto evitará atascos en las tuberías; tu lavadora te lo agradecerá. Deja los bolsillos sin cremallera y, si puedes, vueltos del revés.
Al terminar, deja los bolsillos abiertos para sacar el máximo partido al lavado.
Truco: según trekkingsarawak.com, si llevas mucho dentro, vuelca el contenido en una bolsa de plástico o tote bag y aparta. Así guardas todo de vuelta sin perder nada.
Además, si la mochila lleva mucho sin lavarse y has estado en sitios polvorientos, usa un soplador de aire para teclados. Suelta polvo, arena y partículas en cada rincón, sobre todo en las cremalleras.

3. Un primer paso clave para un buen lavado
Lavar la mochila a mano o a máquina pide algo de preparación. Empieza repasando los contornos con la mano.
Después usa un paño ligeramente humedecido. Quita el polvo grueso y deja la mochila lista para el lavado.
Retira las partes desmontables (cremalleras, correas) y límpialas por separado.
Puedes usar tijeras para cortar hilos sueltos y costuras que sobresalgan (útil para evitar que se atasquen las cremalleras).
Si ves manchas importantes, no dudes en aplicar un quitamanchas previo.
Suelen ser productos agresivos, así que cuidado. Aplícalos con un cepillo suave o un cepillo de dientes.
Una vez aplicado a la mancha, deja actuar 30-60 minutos. Importa usar un jabón activo, capaz de fijar la suciedad para que el aclarado se la lleve.
Truco: si no tienes quitamanchas o prefieres no usarlo, sumerge el cepillo en una mezcla de agua y detergente líquido suave (50/50).

4. Usa los ojos... y la cabeza
Nadie conoce mejor una mochila que quien la diseñó o fabricó. Conviene leer las etiquetas de cuidado: están llenas de buenos consejos.
Suelen ir dentro, en los laterales, donde se cruzan las costuras. Indican cómo lavar y, a veces, qué productos no usar por ser potencialmente dañinos para los materiales.
Algunos productos son tóxicos y pueden hacer un destrozo en tu mochila de lona, ya sea por la calidad del material o por el color.
Por eso conviene leer las indicaciones del producto antes de aplicarlo a la mochila.
Truco: aunque hoy muchas mochilas las llevan, las etiquetas no son obligatorias. Si no la tienes, busca una mochila parecida en internet.
Si no encuentras una similar (felicidades por la originalidad), prueba una zona pequeña con jabón suave y observa la reacción del material.

5. Hora de lavar. No te equivoques con el agua
Llena un barreño grande, un fregadero amplio o la bañera con agua tibia (ni fría ni caliente). Asegura espacio suficiente para sumergir todas las partes.
Si optas por lavadora (recomendamos lavado a mano, sobre todo si lleva piezas de cuero), mete la mochila en una funda de almohada o una bolsa fina de lavado, para que cremalleras y correas no se enreden con el tambor.
Si la mochila no entra en una funda, vuélvela del revés cuando se pueda. Usa el programa delicado.
Antes de iniciar el ciclo, comprueba que no quede ropa cuyo color pueda destiñir.
Por ser muy precavido, lanza un ciclo de aclarado en vacío para asegurar que no quedan restos de detergente.
No uses agua caliente ni hirviendo, sobre todo en tejidos teñidos. Las altas temperaturas favorecen el desteñido.
Para los productos en agua, recomendamos limpiadores suaves, sin colorantes, químicos ni perfume; estos últimos suelen atacar tanto el tejido (especialmente las capas impermeables) como la piel.
Truco: si no tienes limpiadores suaves, un champú de bebé es más suave que el resto. De vez en cuando, desinfecta la mochila.
Usa aceite de pino (o productos con al menos 80 %) o desinfectante fenólico (no lejía, dañaría el tejido), diluido en agua tibia.
Es un paso importante: muchas bacterias y hongos quedan en la superficie de la mochila.

6. Cepillado y aclarado
Como en la fase previa, recomendamos un cepillo de cerdas suaves o, en su defecto, un cepillo de dientes para zonas especialmente sucias o difíciles. Después, repasa con un paño para terminar.
Truco: si la mochila lleva materiales delicados como seda o algodón, usa una esponja suave en lugar de cepillo: el cepillo daña las fibras.
Toca aclarar. Pásala por agua limpia hasta retirar todo el jabón.
Para escurrirla, extiéndela sobre una toalla seca y enróllala formando un tubo. Absorbe gran parte del agua.

7. Deja que la naturaleza la seque
La mejor forma de secar es dejar que el tiempo haga su trabajo (nada de secadora). El secador o la secadora dañarán las fibras.
Cuelga la mochila boca abajo en un sitio a la sombra, con los bolsillos abiertos para que escurra y seque. No la pongas en secadora ni al sol directo: ambos dañarían tu mochila de lona.
Truco: deja que seque con la ventana abierta. Evitas que se acumule humedad y desodorizas la mochila.
Confirma que está completamente seca antes de usarla. Si no, favoreces la aparición de moho.

8. Añade extras útiles a tu mochila
Recomendamos sprays impermeabilizantes para hacerla repelente al agua o reponer el acabado perdido. Una mochila impermeable solo debería lavarse una o dos veces al año, porque el lavado y el detergente reducen su capacidad de repeler el agua.
El recubrimiento ayuda a repeler agua, suciedad y manchas.
Trata las cremalleras con spray de silicona después del proceso. Las lubricas, evitas que se atasquen y alargas la vida de tu mochila de lona.
Importante: no laves la mochila más de 1-2 veces al año. El proceso, mal hecho, puede dañarla.
Quita las manchas frescas en cuanto las veas con un paño húmedo y un poco de jabón suave.
En tus aventuras, cuida la mochila: no la dejes en suelos rocosos, no la expongas al sol mucho tiempo, vigila ramas y arbustos que puedan rasgar el tejido y reduzcan la eficacia del material. Y suma accesorios que la protejan.
Por ejemplo, opta por una funda impermeable o un forro impermeable interior: mantienen tus cosas secas, evitan moho y reducen la necesidad de lavados frecuentes.
Para terminar
Tienes lo necesario para cuidar tu bolsa, mochila o bandolera. Estos consejos protegerán a tu compañera de viaje muchos años. Cuéntanos en los comentarios si tienes trucos para proteger y lavar la tuya: nos interesa.
Si el amor de tu vida (sí, tu mochila) ha pasado a mejor vida y buscas reemplazo sólido, duradero y multifuncional, échale un vistazo a nuestra colección de mochilas.
Dejar un comentario